jueves, 31 de marzo de 2011

Artistas con ♥

Vista frontal y trasera de los marcapáginas

Gracias al blog "La habitación de Telmo" me he enterado de una gran iniciativa solidaria para ayudar a Japón mediante la venta de obras artísticas (ilustración, escultura, bisutería, etc...)
El blog de "Misspink"  lo ha organizado y ha encontrado un hueco para realizar una nueva edición de Artistas con ♥ en Segovia, donde se va a preparar en las fechas del 16 y 17 de Abril de 2011.

Que mejor oportunidad que esta causa para que mi humilde cartel, el que mostré en la entrada anterior, forme parte de este evento benéfico y tenga doble finalidad, ya que, aparte de mi mensaje de apoyo mediante el arte visual, la recaudación íntegra de cada obra será destinada para ayudar a Japón; muchos como yo colaborarán con este gesto solidario valiéndose de su arte y buen corazón.

En las bases para participar leí que si se mandaba alguna ilustración que fuese preferiblemente pequeña, ya que el espacio será bastante reducido para la exposición; así que se me ocurrió convertir mi cartel en marcapáginas aprovechando su diseño y formato vertical, para ahorrarles problemas de espacio y además siendo más fácil de enviar para mí por correo postal.

Hablando técnica y materialmente, para mí sólo ha supuesto un diseño, unas horas, papel, impresora y plastificación artesana, pero con cada pequeña aportación como la mía sé que juntos podemos lograr grandes cosas.
Hoy mismo, mis quince marcapáginas de 6,5 x 21,35 cm cada uno (como los de muestro en la fotografía que abre esta entrada) van rumbo a Segovia con toda mi esperanza e ilusiones puestas en ellos; espero que Artistas con ♥ sea todo un éxito.

sábado, 26 de marzo de 2011

Nuestro corazón está en Japón


Desde que ocurrió el seísmo con el posterior tsunami que asoló Japón no he parado de darle vueltas a este trágico asunto; a veces prefería no ver las imágenes que emitían por televisión pues la crueldad y dureza de éstas eran demasiado lacerantes en cada noticia.
Aún trato de asimilar cómo la madre naturaleza puede ser tan atroz en algunas ocasiones; los destrozos originados en la capital de Japón, Tokio, son tan perturbadores como las vidas humanas que se ha cobrado el terremoto junto con el tsunami. Por si fuese poca la desgracia, la central nuclear de Fukushima se ha visto alarmantemente dañada y afectada, con riesgos de fuga a causa de la suspensión de su refrigeración, y como era de esperar, el pánico se ha propagado entre la población a nivel mundial como auténtica radioactividad.
Ante tales hechos una siente miedo, auténtico terror; me pongo en situación y me siento tan pequeña, indefensa e insignificante como una hormiga cuando corre el riesgo de morir aplastada por la suela de un zapato y no encuentra lugar idóneo ni refugio para ponerse a salvo.
Con lo susceptible que soy, quería, sinceramente, hacer algún modesto trabajo artístico para expresar mi solidaridad al pueblo nipón y plasmar mis sentimientos, pero la inspiración me abandonó y no ha venido a visitarme cuando más precisaba de ella.

Mis crisis artísticas son un tanto peculiares, en mi caso en concreto no se producen por falta de ideas o interés ni tampoco por pereza (normalmente tengo carpetas llenas de bocetos, los cuales desecho casi de forma automática porque me resultan poco convincentes a la hora de desarrollarlos); es algo extraño y difícil de explicar (y aún más complicado de entender si nunca os ha pasado algo semejante), pero me sucede de manera cíclica y por más que lo tenga asumido y no me pille de nuevas pues me es inevitable. Creo que podría definir este estado de frustración como un bloqueo en el que la ansiedad por transmitir un mensaje (en cualquier ámbito: verbal, plástico, escrito...) es precisamente lo que me dificulta hacerlo.

Hace unos días visité el blog de ilustración de mi buena amiga Bea, había publicado una entrada referente a la catástrofe de Japón con un cartel que quita el hipo (os recomiendo verlo); una vez más, nuestras mentes telépatas parecían estar conectadas, de casualidad yo también estaba intentando trabajar en algo similar, pero esta dichosa crisis estaba vetando mis planes más inmediatos e impidiéndome realizar algo a la altura de las circunstancias.
La respuesta de Bea a mi comentario en su entrada me animó bastante, así que me decanté por seguir su consejo y decidí afrontar el "atasquillo" creativo (como ella lo denomina) como buenamente pude. Ayer me propuse desarrollar uno de los bocetos que había descartado hace semanas y lo que os muestro en esta entrada es el resultado final: un collage tipográfico realizado con tinta china en papel de alto gramaje y asistido por ordenador, con una medida original de 20x70 cm. 

Y como más vale tarde que nunca, aquí os expongo este sencillo cartel, porque después de la tragedia es cuando Japón más necesita de un apoyo mundial para volver a recuperarse y a resurgir de las cenizas como el ave Fénix. Lo que sí valoro y es digno de admiración es que los japoneses son gente con un aplomo y una entereza increíbles, y cuesta verles desmoronados incluso siendo víctimas de una catástrofe de tal envergadura.
Aparte de nuestros mejores deseos para Japón, os informo de que si sois clientes de Movistar y/o Vodafone podéis contribuir económicamente con un donativo, mandando un mensaje de texto (sms) para colaborar con la Cruz Roja; si os interesa os recomiendo echarle un vistazo a esta web donde lo explican.

jueves, 17 de marzo de 2011

Primeras fotografías con mi réflex digital


Por mi cumpleaños he recibido el megarregalazo de una cámara réflex digital, concretamente una Canon EOS 500D con un objetivo estándar de 18-55 mm; puede hacer fotografías con una resolución máxima de hasta 15,1 megapíxeles entre otras muchas más características y funciones que me tienen enamorada. Para los aficionados a la fotografía artística es una cámara muy recomendable para iniciarse de manera profesional y es relativamente adsequible atendiendo a su relación calidad-precio, ya que este modelo es considerado de gama media en el mercado actual y presume de buena lente.
Pese a que poseo desde hace unos siete años una réflex convencional de carrete y tengo experiencia en su uso y manejo, con la digital estoy aún familiarizándome; por ahora puedo afirmar que en comparación es mucho más sencilla y cómoda que la de carrete, además de la gran ventaja que ofrece al poder ver los resultados al instante de cada toma y guardar las fotos en un soporte digital (menudas batallitas podría contar  yo de cuando estaba en laboratorio entre cubetas y positivados, aunque la peor parte creo que se la llevaría la extracción de la película del chasis completamente a oscuras para introducirla en la espiral del tanque de revelado; son experiencias que odio y añoro a un tiempo)

Estrené mi regalito haciendo fotografías tanto en casa como en el parque de al lado de mi domicilio, como parte fundamental de este proceso de aprendizaje. Hacía tanto que no usaba una réflex que me tuve que hacer un croquis mental para rescatar los apuntes de clase de fotografía, por fortuna conservo buena memoria y me sorprendí de mí misma al comprobar que no estaba tan oxidada en este terreno como creía y que aún me acuerdo de cómo conseguir un congelado, un barrido, una sensación de movimiento, etc...

Mi Canon y yo frente al espejo
Tras reconciliarme con el obturador, el diafragma, el ISO y todas esas cosas que a muchos os pueden sonar a chino, aquí os muestro algunas miniaturas de las fotografías que he tomado hasta el momento, nada serio como podéis comprobar, sólo ejercicios muy prácticos, pero poco a poco intentaré sacarle el máximo partido a mi cámara para realizar trabajos en el ámbito fotográfico-artístico.

Barrido / Sensación de movimiento
Sensación de movimiento / Congelado
 
Primer plano (fondo desenfocado)

Encuadre paisajístico
  
Sensación de movimiento

Fondo nítido (primer plano desenfocado) /
Primer plano (fondo desenfocado)

viernes, 11 de marzo de 2011

11-M

11-M
Fotomontaje digital asistido por ordenador.
(33,23 x 22,82 cm)

Era Jueves. Lo recuerdo perfectamente, aunque hayan pasado ya siete años. Los alumnos de 2º año de Ilustración, lo que me encontraba cursando en 2004, siempre entrábamos una hora más tarde a clase los Jueves. Llamadlo suerte, casualidad o destino.
Los estudiantes y profesores de la Escuela de Arte Número Diez, tomaban los medios de transporte necesarios o iban caminando desde sus domicilios (los que vivían más cerca) para acudir al nº 25 de la Avenida Ciudad de Barcelona. Yo siempre me desplazaba a la escuela siguiendo el mismo itinerario rutinario; tomaba la Renfe en Alcorcón hasta la estación de Atocha y allí, si iba demasiado cargada con mis bártulos, mi mochila y mi enorme carpeta, cogía el metro hasta Menéndez Pelayo (línea 1, dirección Congosto antes de su ampliación) en vez de darme el paseo transportando tanto peso, y con más motivo si hacía frío o estaba lloviendo, no por mojarme yo, sino por los desperfectos que la lluvia pudiera ocasionar a mis trabajos.

Aquella mañana del 11 de Marzo no me despertó el "kikirikí" del reloj-despertador como tenía previsto, sino el teléfono. Medio soñolienta, desperezándome por el pasillo y con más legañas que palabras me tiré de la cama para contestar a la llamada antes de que colgaran.
De repente, la noticia que me estaba comunicando mi pareja al otro lado del auricular y desde su casa me quitó el sueño de golpe, como una bofetada en plena cara; estaba a punto de comprobar que uno de los peores acontecimientos de la historia reciente de España estaba sucediendo.
Como reacción lógica me cundió el pánico de inmediato; alterada y nerviosa encendí impacientemente tanto la radio como la televisión (por aquel entonces no tenía ni conexión a Internet) para poder informarme más a fondo de las explosiones de aquellos vagones de trenes de Cercanías. Todas las autoridades, servicios de emergencia y atención sanitaria se desplegaron, los periodistas estaban sumidos en un auténtico caos, no había imágenes disponibles que mostrar al público y toda noticia referente a la masacre parecía llegar a los medios de manera insuficiente y escasa, y a veces hasta precipitada y errónea.
Ante la tensión, el terror instalado en el cuerpo y el desasosiego que me sacudía, mi teléfono móvil y el fijo no pararon de sonar, pues mis familiares, amigos y conocidos querían cerciorarse de cómo y dónde me encontraba; las líneas telefónicas se colapsaron y yo tampoco cesé de llamar a todos los que conocía para saber si estaban bien, entre ellos, telefoneé a mis compañeros de clase, que vivían en sitios tan dispares y distantes del centro de Madrid como Alcobendas, San Fernando de Henares, Leganés, Alcalá de Henares...

A día de hoy no sé expresar con palabras los sentimientos que afloraron en mí ante la tragedia que conmocionó a toda España y se hizo eco en el resto del mundo, o mejor dicho, prefiero no rememorar demasiados detalles para no revivir tanto dolor pues cosas así jamás se olvidan, se quedan grabadas para la posterioridad en la memoria personal y colectiva.
Mis problemas y preocupaciones se redujeron a cenizas, me parecían insignificantes comparados con lo que sentí y vi en Atocha días posteriores a los atentados. La multitudinaria manifestación que se echó a la calle en busca de consuelo más que para protestar porque nada se podía arreglar ni remediar ya, esas fotos de las víctimas, personas normales como yo, que plagaban cada rincón de Atocha; las paredes y los suelos de la estación repletos de escritos, dedicatorias, lazos negros y poemas, y ante todo, ese intenso olor a cera de las velas encendidas que atoró por completo un olfato tan susceptible como el mío. Si Dios posee nariz tuvo que oler esa cera aunque no estuviese cerca, porque así es como muchos nos sentimos, desamparados, consternados y preguntándonos si Dios estaba aún ocupado en recoger a tantas almas apiladas en los andenes.

Fotografía sacada de elsiglodelasluces.net

El Lunes siguiente, 15 de Marzo, era mi cumpleaños y asistí a clase casi obsesionada por recobrar la normalidad y estabilidad, pero era una utopía hasta imaginarlo durante el trayecto, todos los viajeros, incluida yo, nos miramos en silencio y no nos hizo falta abrir la boca para comunicarnos y saber lo que rondaba por nuestras mentes; los policías salpicaban con su notoria presencia las estaciones y más que sentirme protegida me entró más miedo del que tenía ante tanto agente uniformado; en clase todo eran caras largas, angustia, tristeza y ojos enjuagados en llanto e impotencia; fue el cumpleaños más amargo de mi vida y como único regalo deseaba el imposible de dar marcha atrás en el tiempo para evitar lo acontecido y recuperar esas vidas sesgadas.


Esta vez no he publicado esta entrada para exponer mi obra en sí como viene siendo habitual, aunque me hubiese gustado que la ilustración que la encabeza la hubiera creado para una novela de ficción y no dedicada a conmemorar un suceso real de estas características; sólo quería compartir con vosotros esta vivencia, que no es la más intensa ni la más impactante de todas las que se pueden contar, es simplemente la mía.

Me gustaría despedirme con un humilde vídeo que yo misma he montado (el primero que monto con fotos y música en plan casero, así que es de lo más sencillito; mi buena intención se antepone al resultado) con una compilación de imágenes de Internet y una canción bastante dura y poco conocida de la banda de rock española "Sínkope", titulada "Charcos de quejíos en el suelo", basada en el 11 de Marzo e incluida en el álbum "Humo de Contrabando".

video

sábado, 5 de marzo de 2011

Carnaval


El Carnaval es una fiesta que se celebra antes de la Cuaresma cristiana, y que se caracteriza principalmente por la participación pública de la gente que se atavía con disfraces y organiza desfiles, entre otras actividades; es un despliegue de música, alegría, desenfreno, movimiento y color.
El origen del Carnaval parece estar vinculado a antiguas fiestas paganas, como las bacanales (que se realizaban en honor a  Baco, dios del vino en la mitología romana), las saturnales (fiestas de Invierno) y las lupercales romanas; incluso, algunos historiadores remontan su procedencia a ancestrales fiestas sumerias y egipcias, como las que se hacían en honor a Apis (dios de la fertilidad y posteriormente funerario, en la mitología egipcia)
El Carnaval está asociado principalmente con el catolicismo y su práctica es opuesta a lo que posteriormente se celebra: la Cuaresma. El Carnaval es un lapso de permisividad que se enfrenta a la represión de la sexualidad y a la severa formalidad litúrgica de la Cuaresma; se centra en la desinhibición y en satisfacer las necesidades de la carne (cuerpo) sin abstinencias ni ayunos, antes de iniciarse en la Cuaresma.

La celebración del Carnaval más grande del mundo es la de Río de Janeiro (Brasil), pero muchos otros países se han ganado un puesto honorífico al poseer carnavales muy importantes y de gran interés turístico como el Carnaval de Venecia (Italia), el Carnaval de Barranquilla (Colombia), el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife y el Carnaval de Cádiz (España)

Con motivo de estas fiestas os traigo este fotomontaje digital con tipografía aplicada que realicé hace ya algunos años y he rescatado de entre mis trabajos olvidados, lo titulé “Mascarada”, ya que como podéis comprobar está inspirado en el Carnaval de Venecia; el formato original tiene unas medidas de 28x12,38 cm, con una resolución de 300ppp.